martes, 1 de diciembre de 2015

Natalia (Raúl Solís)




Era diciembre. El otoño expiraba poco a poco y el viento frío calaba los huesos. Se hacía de noche temprano y los faros iluminaban las calles solitarias de mi viejo barrio. Hacía mucho que no lo visitaba, que lo abandoné buscando empezar una nueva vida lejos de todos sus fantasmas. Enfilé hacia el parque, el que está frente a mi antigua secundaria. El edificio ruinoso aún se erguía a pesar de sus pesares: rejas oxidadas, cuarteaduras en los muros garabateados. Lo miré y me detuve a mitad de la calle; los montones de basura sobre las banquetas hacían difícil andar en ellas. Nadie se molestó, no había tránsito por allí. Los alumnos ya habían salido de vacaciones, por lo que la escuela estaba desolada. Pequeños recuerdos saltaron a mi memoria, fragmentos fugaces de una etapa pasada de mi vida. Sonreí y seguí caminando.
El parque, también solitario, y alumbrado por escasas farolas –de las que la mayoría apenas emitían destellos intermitentes-, se extendió a mis pies. Las manos me sudaron, las guardé en los bolsillos de la chamarra. Mi respiración se aceleró conforme avanzaba. En ese momento volvió Natalia a mi memoria: las risas, los abrazos, los atardeceres que aquí contemplamos juntos, las palabras… Me detuve. Ese día se cumplía otro año, uno más, de la última vez que estuvimos juntos. Doce años se dicen fáciles: son toda una vida. Encontré la banca en la que solíamos pasar las horas y caminé hacia ella. Todavía podía recordar los rasgos de Natalia: el color de sus ojos, su cabello, el olor detrás del cuello… Me senté.
La tarde moría en el horizonte. El cielo se pintó de un azul oscuro y tonos rosados que agonizaban sobre la cordillera del Ajusco, a espaldas de la escuela. Arriba, algunas estrellas ya brillaban. La noche iba avanzando. El viento arrastraba el polvo. Miré a todas partes: no parecía haber nadie más en aquel sitio mal alumbrado. Saqué la cajetilla de cigarros y me puse uno en la boca. Volví a sentir esa pesada soledad que ella me había dejado al separarnos. Me estremecí. No supe olvidarla.
Una silueta se dibujó a la distancia. Poco a poco fue tomando forma. Avanzaba con lentitud. Detuve la respiración un momento y en un murmullo pronuncié el nombre de Natalia. Busqué los cerillos en mi chamarra sin dejar de ver a la misteriosa figura. Era la silueta de una mujer, lo adiviné por su talle. Y se acercaba a mí. Bajé la mirada y encendí el fósforo, arrimándolo a mi cigarro. Una ventisca fría apagó la llama. Miré el humo desvanecerse en el aire. Entonces escuché la voz de Natalia. Me llamó por mi nombre. Sentí un vacío en el vientre. No quité la vista del cerillo ennegrecido.
—Alberto, volviste –dijo con voz dura. Asentí-. Han pasado muchos años, ¿por qué ahora?
Reuní el valor para mirarla de frente. Al hacerlo, me encontré con una Natalia por la que no habían pasado los años, sentada a mi lado. Clavó sus ojos en mí y sentí una tremenda nostalgia. También sentí ganas de abrazarla, de besarla. Suspiré; bajé la vista. Encendí otro cerillo y lo acerqué al cigarro. Una gran bocanada de humo salió de mi boca. Entonces, respondí:
—Vine a recordar, Natalia. Vine porque cada año que pasa, en este mismo día, daría lo que fuera por estar contigo una vez más.
Me quedé callado.
—Tienes que olvidarlo, Alberto –dijo al fin-. Te estás haciendo daño. No se puede cambiar lo sucedido.
La noche brilló en sus ojos. Yo seguí fumando.
—Lo sé –respondí-. Sé que no puedo regresar el tiempo y convencerte de que te quedes conmigo; ni tampoco puedo borrar las cosas malas que te dije. Es sólo que… Natalia, ¿por qué tuvo que ser así? ¡Nos queríamos!
Sentí un ardor húmedo en los ojos y volví a aspirar otra bocanada de humo. No dijo nada, simplemente me miró compasiva. Otra racha de hojas secas y polvo pasó silbando por el parque; a ella no pareció molestarle. Añadió:
—Ya no te martirices de ese modo. Me estás haciendo daño a mí también. ¿No te das cuenta?
Su pregunta quedó suspendida en el aire. Supe a qué se refería pero no comprendí del todo. No dije nada. Llevé de nuevo el cigarro a mi boca pero ya se había consumido. Lo tiré. Tomé otro de la cajetilla, lo puse entre mis labios; encendí un nuevo cerillo y lo protegí del viento. La pequeña llama iluminó débilmente la palma de mi mano. Hubo un largo silencio entre los dos.
—¿Sabes que he muerto? –preguntó de repente.
Me quedé paralizado. No supe qué decir, ¿o a caso había algo que decir después de eso? Las manos me temblaron, un sudor frío me recorrió el cuerpo. El cerillo se consumía en la punta de mis dedos. Consternado, acerqué el fuego al cigarro y lo encendí, expulsando una bocanada de humo. Volví la mirada. Ella había desaparecido.


Ajuste de cuentas (Maldurmiente, 2015)
©2015, Raúl Solís
Derechos reservados

martes, 17 de noviembre de 2015

Ajuste de cuentas (Raúl Solís)



Este es mi primer trabajo recopilado. Parece fácil, pero no lo es. Este libro ha requerido una gran cantidad de esfuerzo y dedicación para llegar a su presentación final. Son cuentos escritos con distintas técnicas, en distintos géneros. El proceso de creación me llevó a recurrir a grandes autores a los que más tarde traté de emular. Puede decirse que es la búsqueda de una voz narrativa personal a través de las voces de otros, o una selección del trabajo más representativo de mi aprendizaje y desarrollo literario.

Ajuste de cuentas está conformado por quince relatos cortos, en su mayoría, y algunos de mediana extensión. Los géneros de los que me valí para contar estas historias son principalmente el realismo (Janis, El velorio de Luis, Jimena), aunque las hay también fantásticas (Grbna-ha, Banco de sangre, Natalia), policiaco-ciencia ficción (Abducidos, recientemente publicado en la antología de relatos y cuentos Terror en la ciudad de México, 2015), humorísticas (Después de muchos años, El vagón) y de terror (La mujer del velo). El resultado es un libro multifacético, diverso en sus formas y técnicas.

En la presentación de este libro, Humberto Guzmán (escritor y periodista cultural), autor de las novelas La congregación de los muertos o El enigma de Emerenciano Guzmán (2014), Los extraños (Premio Nacional de Novela José Ruben Romero, 2000), Los buscadores de la dicha (1990), entre otros, escribió: su constancia le hizo encontrar frutos narrativos. Le vi desarrollarse de menos a más y, así, fue escribiendo cuentos cada vez mejor relatados, convincentes y también con ese ingrediente que hace que su lector no se distraiga. Yo, por mi parte, espero que sea un paso firme dentro de este oficio.





Raúl Solís (1989) fue alumno de Humberto Guzmán (Premio Nacional de Novela José Rubén Romero, 2000, por Los extraños. Premio de Periodismo José Pagés Llergo, 1998, entre otros) en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, de 2011 a 2015. En 2012 asistió al Programa de Escritura Creativa del Claustro de Sor Juana. Fue finalista del concurso internacional Cada loco con su tema (BENMA editoras, 2013) y parte de la antología de relatos del mismo. Participó en la antología de cuentos y relatos Terror en la ciudad de México (Libros del Conde, 2015). Tiene un relato publicado en la Gaceta de la Preparatoria 5 de la UNAM, donde fue alumno, y recientemente en el fanzine Kinkies... literatura que ensucia (año II, no.4).


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martes, 13 de octubre de 2015

Terror en la ciudad México: antología de cuentos y relatos (Humberto Guzmán)


La antología de cuentos y relatos Terror en la ciudad de México (Libros del Conde, 2015), autoría de Humberto Guzmán, fue una idea que le surgió hace ya algunos años. Planteada en varias ocasiones como un proyecto viable, no fue sino hasta este año que, decidido, Guzmán reunió a un grupo de alumnos y exalumnos de sus cursos y talleres literarios, impartidos a lo largo de diecisiete años en distintas instituciones, entre los que destacan el taller Creación Narrativa, en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, vigente, y el curso Creación Literaria, de la Secretaría de Hacienda, actualmente desaparecido.

«La interpretación de la palabra terror –escribe Humberto en la introducción de la antología-, además de entenderse como literatura fantástica y sobrenatural, podía relacionarse a la violencia que suele darse en una gran urbe, como es la de México». Con esta idea como eje del proyecto, abrió la convocatoria para que cada autor interpretara a su modo, como mejor le conviniera, el terror que esta gran ciudad podía ofrecer. Había lineamientos claros. «Pensaba yo en una violencia que partiera de la individualidad de los personajes –continúa Guzmán- y no de la superficialidad de la noticia diaria que nos lleva a otros géneros, como los del periodismo.» No podíamos quedarnos en el terror noticioso que aparece en los diarios, o en la denuncia de ciertos actos para exhibirlos como un mal, porque «más importante que la historia misma es la forma como se cuenta». Había que hacer literatura. No parecía un reto tan complicado: la ciudad más grande de la América hispana, al igual que Nueva York o París, evoca todo tipo de historias que bien podían ajustarse a estos parámetros. El verdadero reto consistió en la forma de narrar aquellas historias.

.En sus clases, y previo a arrancar este proyecto, Humberto enfatizó que evitáramos caer en la denuncia política o social: «La denuncia por sí misma no es buena consejera para la literatura», explica. Cuando el arte se usa con estos fines corre el riesgo de convertirse en panfletario. Sin embargo, «No deja de haber asuntos de connotaciones sociales o de la delincuencia declarada, pero con un origen individual, como es más convincente y no la sola “denuncia” de los “malos” que aplastan a los “buenos”. Buenos y malos, como estereotipos, sólo los hay en las historias superficiales.»

En este libro hay relatos que van de lo fantástico y sobrenatural a lo real y cotidiano, sin dejar de lado el género policiaco o la ciencia ficción. La decisión que cada autor tomó, como se muestra en este compendio, revelan sus habilidades y preferencias narrativas. No hubo restricciones, por lo que la originalidad de cada escritor impide que el libro caiga en la monotonía de estilo, dando como resultado un amplio espectro de tonos literarios que el lector notará conforme lo lea.

Los escritores antologados somos catorce. En orden de aparición: Edwin Alcántara, Ladislao Melchor, Salvador Gómez Moya, Rocío Hernández, Raúl Solís, Laura Yelitzia Romero Castillo, Jorge A. Vera C., Ana María González Paz y Puente, Adriana Reyes Langange, Carlos Roque Ríos, Yashodara Solano Castro, Manuel Soria, Eduardo Thomas T., y Antonio R. Quiroz, además de la inclusión de uno de los relatos de Humberto Guzmán (La espera). Cada participante aceptó el reto y lo afrontó con sus habilidades.

En la parte final de la presentación, Guzmán expone que este libro podría representar el examen final de sus cursos que nos coloca como nuevos autores de cuentos y otras ficciones. Quienes aparecemos aquí podemos considerarnos graduados en creación narrativa y literaria al llegar hasta la etapa final del curso-taller. «Pero el final, no lo ignoremos, es siempre el principio», sentencia.

Con un pequeño tiraje, la edición y publicación de Terror en la ciudad de México es la conclusión de un proyecto largamente planeado, y finalmente ejecutado. Ahora depende de nuestros lectores juzgar el trabajo presentado.



Humberto Guzmán:

Ganó el primer Concurso de Cuento del IPN, 1967, y el de Los cuentos del Ateneo Español de México, 1987, entre otros. El segundo Premio Nacional de la Juventud, de novela (SEP), 1971, por El sótano blanco. El Premio Nacional de Novela José Rubén Romero, 2000, por Los extraños. Premio de Periodismo José Pagés Llergo, 1998, por artículo de fondo. Becario del Centro Mexicano de Escritores, 1970, y del International Writing Program, de la University of Iowa, 1986. Miembro del SNCA/FONCA 1993-1996 y 1997-2000. Autor de Aprendiz de novelista, apuntes sobre la escritura de novela. Otras novelas: Manuscrito anónimo llamado consigna idiota; Historia fingida de la disección de un cuerpo; Los buscadores de la dicha; La caricia del mal, y La congregación de los muertos o El enigma de Emerenciano Guzmán. Libros de cuentos: Contingencia forzada, Seductora melancolía, La lectura de la melancolía; Historias de amantes y otros fantasmas (por publicarse). Autobiografía: Confesiones de una sombra. Textos visuales, teatro: Nocturno del alba. Cuenta, además, con antologías de Franz Kafka, Jorge Arturo Ojeda, Juan Tovar, entre otras.

Edwin Alcántara:

Historiador y narrador. Egresado de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, opta para el doctorado en esta misma universidad. Obtuvo el Premio de la revista Punto de Partida de la Dirección de Literatura de la UNAM (2004), en la categoría de novela. Autor de capítulos en libros sobre historia política del siglo XIX y coautor del libro Darío en México. Un ambiente enrarecido. Es colaborador de la revista Relatos e Historias en México. Su libro de cuentos Amor®: úsese y deséchese, se encuentra en prensa.

Ladislao Melchor:

Médico Forense activo en la PGJ. Catedrático del IPN. Premio en Narrativa Ignacio Manuel Altamirano (2010), por su novela De Huipulco a Berlín. Tiene en su haber otras dos novelas publicadas: El Huésped y Coyote.

Salvador Gómez Moya:

Ingeniero y maestro en control y robótica por la UNAM. Actualmente, cursa la licenciatura en letras hispánicas (UNAM) y es profesor en el CCH-Naucalpan.

Rocío Hernández:

Licenciada en Administración de Empresas por la Universidad Autónoma de Puebla, Maestría en Informática por la UPIICCSA y guía de turistas. Desde 1985 ha participado en talleres literarios, entre ellos el dirigido por Magaly Martínez Gamba y el de Humberto Guzmán. Publicaciones: Las lunas de la casona, Edit. Imaginaria, libro colectivo 2001. “Como el agua” y “Azul”, en Arena, de Excélsior; “Azul”, Recaudador Literario de la SHCP.

Raúl Solís:

Fue alumno del curso-taller Creación Narrativa (Humberto Guzmán, UNAM), y del taller intensivo Escritura desbordada (Programa de Escritura Creativa, Claustro de Sor Juana). Ha colaborado en la Gaceta de la Preparatoria 5 (UNAM) y en la revista La Peste. Finalista del concurso internacional Cada loco con su tema (BENMA editoras, 2013), y parte de la antología de relatos del mismo. Ajuste de cuentas es su primer libro de cuentos.

Laura Yelitzia Romero Castillo:

Al terminar medicina hizo la especialidad de oftalmología, en el Hospital de Ntra. Sra. de la Luz. Ha participado en diversos talleres literarios en el Centro de Creación Literaria Xavier Villaurrutia y el Centro Cultural de la SHCP. Ha participado en tres publicaciones: Cinco Caminos, Relatos de vida, edición de autor (2011); Recaudador Literario (2012), y 25 golpes de suerte, antología de cuentos,  Lectorum (2013).

Jorge A. Vera C.

Actualmente estudia la licenciatura en Lengua y Literaturas Hispánicas en la Universidad Nacional Autónoma de México. Ha participado en diversos talleres de creación poética y narrativa a cargo de los profesores Raúl Renán, Felipe Garrido y Humberto Guzmán.

Ana María González Paz y Puente:

Estudió en la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Ha sido alumna del curso-taller de Escritura Creativa de Humberto Guzmán. Ha publicado tres cuentos en el suplemento cultural Arena, de Excélsior, y en Recaudador Literario desde 2009.  Asistió al taller de Creación Literaria de José Antonio Aspe. Actualmente toma el taller Leer para Escribir, de Humberto Rivas, todos en la SHCP.

Adriana Reyes Langagne:

Participó en los talleres de autobiografía con Erika Merguren con Marcela Guijoza. De ahí se editó el libro Cinco Caminos. Tomó otros talleres literarios con Salvador Castañeda y Margarita Villaseñor. Otro con Humberto Guzmán, participando en El Recaudador Literario. Talleres de novela en la SOGEM con Eduardo Antonio Parra y Mauricio Carrera. Un taller de cuento con Claudia Guillén, en el que participó en una antología titulada 25 Golpes de Suerte. Actualmente toma un taller de novela en la SOGEM con Ana García Bergua.

Carlos Roque Ríos:

Economista y profesor de educación primaria. Ha participado en el Recaudador Literario, editado por la SHCP; fue alumno de Creación Narrativa, de Humberto Guzmán en la SHCP.

Yashodara Solano Castro

Abogada y comunicóloga por la Universidad La Salle. Fue alumna de Humberto Guzmán en su taller de cuento y novela, en la SHCP, publicando algunos cuentos en Recaudador Literario.

Manuel Soria:

Sociólogo por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, de la UNAM, en donde tomó un curso de poesía, y el taller Creación Narrativa, impartido por Humberto Guzmán. Cuenta con un compilado de cuentos sucios titulado Nexos y otros aullidos hechos letras y un poemario llamado El punto Glave: entre las palabras de amor y las provocaciones del cuerpo, ambos inéditos.

Eduardo Thomas T.:

Médico psiquiatra por la UNAM; exprofesor de psicología médica y psiquiatría (UNAM). Participó en los talleres de la SOGEM y la Casa de las Humanidades, con Humberto Guzmán. Autor de diversos artículos de divulgación científica en Como Ves?, revista de la UNAM. Sin más por el momento, novela corta de edición privada.

Antonio R. Quiroz:

Fue patólogo por casi treinta años. Cinco caminos fue su primera publicación con pasajes autobiográficos compilados por Marcela Guijosa. Después, en el taller de narrativa de Humberto Guzmán, publicó el cuento “El Supermán” en Recaudador Literario. Fue invitado por Claudia Guillén para publicar el cuento “Sin palabras”, en la antología 25 golpes de suerte (Lectorum). En la antología Primeras armas (Lectorum) publicó los cuentos “De quién hablan”, “La cábala” y “La mirada lasciva”.